ELECCIONES PARLAMENTARIAS EN UZBEKISTÁN: UN EJEMPLO A SEGUIR PARA MUCHOS

El pasado domingo 22 de diciembre tuvo lugar un acontecimiento internacional relevante-destacado. Decía Marshall McLuhan que vivimos en una “aldea global”. En España nos hemos quedado sólo en “aldea”. Los aldeanos medios de comunicación españoles apenas dedican tiempo o espacio a asuntos internacionales y generalmente sólo a los más efectistas de cara a quienes los leen, ven y oyen dándoles, además, un tratamiento superficial y lleno de errores, cuando no tiran directamente por las famosas “noticias falsas” que inundan nuestros medios. Como nuestros políticos, que también son unos aldeanos, están ensimismados con lo que sucede en España, convertida en el gran monotema en torno al cual gira nuestro pequeño mundo aldeano, aislado y paleto, como si lo que sucede en la escena internacional no nos afectara o nos afectara tangencialmente.

Por eso, la información internacional se reduce a desastres naturales, grandes accidentes, crónica en general de sucesos y a unos pocos países u organizaciones: EE.UU., China, Rusia, Alemania, Francia, Gran Bretaña, la ONU, la OTAN, la UE y poco más. A esto le añadimos el siempre conflictivo Oriente Medio Ampliado, que dicen los norteamericanos, y se acabaron los focos de interés de los medios españoles.

Dicho acontecimiento fueron las elecciones parlamentarias (también las hubo provinciales y locales) en Uzbekistán. Pero, ¡cómo se van a ocupar nuestros medios de comunicación de no sé qué país terminado en “stan”! ¡A quién le importa semejante país! Baste aquí decir que Uzbekistán es un país turcófono; musulmán suní; que escribe su idioma en alfabeto latino; que se encuentra en el corazón de la antigua Asia Central soviética; que posee gas, petróleo, uranio, algodón y un largo etc. de recursos naturales; con una población de 33 millones de habitantes; un patrimonio histórico cultural extraordinario (ejemplificado en sus tres grandes ciudades Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: Samarkanda –ya nos va sonando más el país-, Bujará y Jiva) y un monumental desastre ecológico heredado de la URSS conocido como mar de Aral – esto también nos suena-, aunque de mar ya sólo tenga el nombre, pues en su mayor parte está seco.

Y se preguntaran los medios de comunicación y los políticos españoles, ¿por qué es importante dicho país y debiera haber sido noticia sus elecciones parlamentarias?

Para empezar, Uzbekistán tiene frontera en el sur con Afganistán y se ha convertido en un actor importante para conseguir resolver el desastre creado por los norteamericanos allí, en la que ya es la guerra más larga de la historia de los Estados Unidos –más de 18 años de guerra y lo que todavía quede-; guerra que los norteamericanos tienen completamente perdida y por eso el presidente Trump está negociando con los talibanes con la intención de retirar sus tropas del país sin que se note demasiado el absoluto fracaso de la intervención norteamericana en Afganistán creado por sus predecesores Bush y Obama. Pero, además, Uzbekistán representa todo lo contrario que Afganistán, Arabia Saudí y las otras monarquías del Golfo. Frente a un islam salafista, intolerante, rígido y yihadista representado por Al-Qaeda, el Estado Islámico, los talibanes o Arabia Saudí (los dos primeros practican un “salafismo internacionalista”, mientras que los otros dos tienen una variante específica local: los talibanes son deobandis y los saudís son wahabís); Uzbekistán supone una alternativa tolerante, abierta y flexible, basada en una rica tradición sufí, razón más que suficiente, para apoyarlo y, de paso, que los EE.UU. abandonen su histórico compromiso con el islamismo-yihadista.

Pero es que, además, Uzbekistán es un país clave para la nueva ruta de la seda china, conocida como Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative), y si bien no tiene frontera con China, está muy cerca de ella y tanto los gaseoductos de Turkmenistán como el Corredor China – Asia Central – Asia Occidental (China–Central Asia–West Asia Corridor) la atraviesan. En un contexto de guerra híbrida implementado por EE.UU. contra China para mantenerse como potencia hegemónica mundial, en el que cobran cada vez mayor importancia las injerencias norteamericanas en la Región Autónoma china de Xinjiang, fronteriza con los países del Asia Central y eje vertebrador fundamental de la Franja de la Ruta de la Seda terrestre, Uzbekistán se convierte en un actor esencial para la estabilidad en la región.

Uzbekistán es, además, miembro de pleno derecho de la organización regional más importante del mundo, la Organización de Cooperación de Shanghái, junto a países tan importantes como Rusia, China o la India. Es, por tanto, un país, geopolíticamente hablando, de primera magnitud.

Desde elección Shavkat Mirziyoyev como presidente de Uzbekistán, en poco más de tres años, este ha implementado un plan de reformas coherente, bien estructurado y con los pies en la tierra, hasta el punto que la revista británica The Economist ha nombrado a Uzbekistán como «país del año». No le falta razón a The Economist. El presidente está implementado un programa de reformas bien pensado y al ritmo adecuado que podemos dividir en tres grandes campos: el económico, el de las relaciones internacionales y el político. Pero como de lo que toca hoy es de escribir a cerca de las elecciones parlamentarias del 22 de diciembre, nos centraremos en el campo político.

Los resultados preliminares dados por la Comisión Electoral Central dieron a los liberal-demócratas, partido del actual presidente Shavkat Mirziyoyev, 43 de los 150 escaños en disputa, frente al 52 que lograron en las elecciones en 2014. La segunda fuerza con más apoyo fue el Partido Popular Democrático «Renacimiento Nacional» con 35 escaños. En el tercer lugar quedó el Partido Popular Democrático, con 21 escaños, seguido de los social-demócratas de Adolat (21 diputados) y el Partido Ecológico de Uzbekistán (11 diputados). Los comicios fueron reconocidos válidos en 128 de las 150 circunscripciones y quedan 22 escaños por decidir en una segunda vuelta.

La misión de observadores electorales de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), así como la Unión Económica Euroasiática (UEE) reconoció la validez democrática del proceso electoral, incluso la muy poco creíble y parcial la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), tuvo que reconocer a regañadientes los enormes avances políticos democráticos y en libertades civiles que han supuesto estas elecciones.

El presidente Mirziyoyev, está sabiendo implementar paso a paso, de manera ordenada, en tan sólo tres años, una transición política desde abajo, partiendo de lo ya existente. El gran avance de estas elecciones ha sido, sin duda alguna, el tomar los cinco partidos ya existentes y obligarles a competir de verdad por ganarse el voto de los ciudadanos, que han podido votar libremente, teniendo los medios de comunicación abiertos para discutir entre ellos y elaborar programas políticos diferenciados.

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