LA MENTIRA NORTEAMERICANA DE JUEGO DE TRONOS: SI JON NIEVE SE SIENTA EN EL TRONO DE HIERRO SEREMOS NUEVAMENTE ENGAÑADOS

 

Juego de Tronos, una serie de tv de enorme éxito, llega a su final. El mundo “fantástico-medieval” que esta retrata, es un mundo duro e implacable de intrigas palaciegas; de señores feudales (las grandes casas de los Siete Reinos) que luchan por el poder de manera brutal, a la vez que astuta; con personajes sin escrúpulos; donde pocos muren de viejos; y la supervivencia necesita inevitablemente de la traición, del uso inteligente de la fuerza, de la mentira y la conspiración permanente. Sin el engaño no se puede sobrevivir en este mundo. Casi todos los personajes juegan sus cartas y aprenden con el tiempo las reglas que rigen la política de esta tierra. Sí no, mueren rápidamente. Hasta aquí, un retrato, bastante fiel de cómo se las gastaban en la Edad Media, y al mismo tiempo también un retrato trasladable a la de la forma de hacer política actualmente. En esto, la Historia no ha cambiado desde sus inicios hasta nuestros días.

Pero esta serie encierra una trampa malvada. Una gran mentira que se nos esconde sutilmente. No hay mejor mentira que la que se introduce en una narrativa verdadera. La mentira se llama Jon Nieve. Jon Nieve es digno hijo de su padre Ned Stark, un paleto del Norte que es incapaz de entender cómo se gobiernan los 7 reinos y que la legitimidad y la legalidad no son más que instrumentos amoldables a cualquier situación y circunstancia, lo que importa es quien tiene el poder. En un mundo de engaños, en el que todos los personajes que se disputan el poder recurren a ellos permanentemente, la nobleza de espíritu y el comportamiento honesto no tienen cabida: están irrevocablemente abocados a perecer, como aquellos que los practican. Por eso el imbécil de Ned Stak termina perdiendo la cabeza en la primera temporada. Lo extraño es que este tipo haya podido sobrevivir hasta entonces.

Todos los personajes de esta serie que han llegado vivos hasta esta última temporada han evolucionado y aprendido, a fuerza de la violencia ejercida contra ellos de múltiples maneras, que sólo se puede sobrevivir en este mundo siendo más maquiavélico y cruel que tus enemigos. El estúpido de John Nieve no. Desde el principio, hasta el penúltimo capítulo, no ha aprendido nada, sigue siendo un buen chico de nobles ideales absolutamente ajeno al mundo real en el que vive, y aquí está la trampa, tal personaje debía haber muerto hace muchas temporadas porque su ingenuidad no es compatible con la supervivencia en el mundo de Juego de Tronos. De hecho, murió como comandante de la Guardia de la Noche asesinado a manos de sus compañeros, de Ser Alliser y los suyos, porque seguía siendo el mismo bobo de siempre. No había hecho lo que tenía que hacer al llegar al poder, eliminar a sus rivales, y, por eso, sus enemigos le mataron. Ahí tenía que haber acabado la historia de John Nieve. Pero el personaje se había hecho muy popular entre el público, y el negocio es el negocio, y no se podía eliminar a este personaje que encarna al arquetipo del héroe y con el cuál muchos espectadores se habían identificado. No hubo problema alguno, se tiró de un recurso tan pobre y poco original como es la magia (en este mundo todo es posible) y gracias a la bruja Melisandre ya teníamos al tonto de Jon Nieve resucitado. Por su puesto, Jon Nieve continuaba sin enterase de cómo funciona su mundo y cometiendo todo tipo de errores. Como suele pasar con este tipo tontos, son un peligro para sus aliados, ¡menos mal que la astuta Sansa Stark se sirvió de Lord Baelish y su ejecito para evitar una derrota de John Nieve en la Batalla de los Dos Bastardos! Ella había aprendido a fuerza de violaciones del sádico bastardo de Lord Bolton, Ramsay Bolton, que si dejaba a su hermanito ir por libre este la terminaría cagando como hace siempre. John Nieve es el quijote de Juego de Tronos, no se ha enterado de que la época de los nobles caballeros había pasado hace mucho y que ahora no es más que el hazmerreír de sus contemporáneos. John Nieve es el culpable, entre otras cosas, de que Daenerys hiciera lo que tenía que hacer al arrasar Desembarco del Rey, porque no se puede construir un mundo nuevo sin acabar con el antiguo. Si el idiota de John Nieve no les hubiera contado a sus hermanas quien era realmente, como así le dijo Daenerys, viendo que a sus hermanas no les gusta esta; pero la aceptan porque no tienen otro candidato al Trono de Hierro, Sansa y Arya no hubieran conspirado contra Daenerys. Si Daenerys muere en el último capítulo de la serie, la culpa será exclusivamente de su imbécil enamorado.

Arya, Bran y Sansa Stark, los Stark que sobreviven lo han hecho porque han madurado y se han adaptado al brutal mundo de Juego de Tronos. John Nieve sigue siendo un crio con fantasías caballerescas, una anomalía, un anacronismo, que no encaja en la serie. Si John Nieve se sienta por fin en el Trono de Hierro, los guionistas y la productora nos habrán tomado el pelo. Y además por partida doble, por desvirtuar todo el planteamiento de los libros y la serie y por vendernos una vez más una mentira, cosa que la industria audiovisual norteamericana hace muy bien, que los “buenos” al final ganan. La Historia nos demuestra todo lo contrario. Los “buenos” tienen siempre una desventaja insuperable, “respetan las reglas de juego”; los “malos” no; y, por eso, porque hacen trampas y están dispuestos a todo siempre ganan. Una vez más, nos venderán la mentira del héroe que convierte a la ficción en realidad a través de la industria cultural de EE.UU. Y nosotros nos la creeremos y seguiremos pensando que por muy mal que nos vayan las cosas, como somos parte de los “buenos” al final todo se arreglará y así seguiremos viviendo en este engaño hasta que nos muramos mientras los poderosos se ríen de nosotros, de nuestra idiotez, rodeados de lujos, sabiendo que los John Nieve no existen y no es más que una mentira que nosotros damos por buena y que nos mantiene jodidos; pero con esperanza. Los que detentan el poder seguirán riendo mientras Jon Nieve continúe ganando hasta alcanzar el Trono de Hierro.

 

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