OMÁN: TRANQUILIDAD ENTRE EL CAOS

El Sultanato de Omán es un estado situado en la costa sureste de la Península Arábiga. Limita en el noroeste con Emiratos Árabes Unidos, en el oeste con Arabia Saudita y en el Sur con el convulso Yemen. Sus costas están bañadas por el Océano Índico. En el Norte, en las playas de Mascate, la capital, encontramos el Golfo de Omán, único punto de entrada y salida al Golfo Pérsico. La región de Jasab se encuentra separada del resto del estado por los E.A.U., en la península de Musandam, parte sur del estratégico Estrecho de Ormuz. Al otro lado del golfo, se sitúa Irán, como vecino del norte. Omán posee también el Archipiélago de Khuriya Muriya compuesta por cinco islas prácticamente deshabitadas en el Mar de Arabia.

Qaboos Bin Said Al Said es el sultán de Omán desde 1970. También es el Primer Ministro, Ministro de Asuntos Exteriores, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Ministro de Defensa y de Finanzas. Además, el rango de sultán conlleva la ostentación de otros cargos y poderes. Como por ejemplo, la potestad de designar y despedir a los ministros a placer. A Al Said le corresponde también el poder legislativo, puesto que los decretos del Sultán conforman la base legal del país, y comparte junto con el Consejo de Ministros el poder ejecutivo. El sistema legal Omaní presenta una mezcla entre códigos civiles occidentales y árabes, siendo la Shari’ah (o ley islámica) la que impera en asuntos familiares.

La rama del Islam que se profesa mayoritariamente en Omán es el Ibadismo. Constituye la tercera rama más importante del islam, y es cuasi totalmente particular del Sultanato. Se basa en rechazar la preeminencia de los descendientes del profeta. El no querer expandir su religión ha favorecido el carácter pacífico y mediador del país, y el que se permita la libertad de culto. Los musulmanes suníes forman el segundo mayor grupo religioso y también existe en el país una minoría musulmana chiita.

La organización social en Omán es tradicional y jerárquica, de carácter tribal y basada en  vínculos familiares. La estructura es piramidal, colocándose el Sultán y su familia directa (Al-Sa’id) en la cúspide, seguidos por los grandes grupos tribales (Al-Bu Sa’id).

Anteriormente al descubrimiento del petróleo, las familias de comerciantes de origen indio, eran quienes ostentaban mayor riqueza. La comunidad omaní de los Hyderabadi, también acumuló gran riqueza en su momento. Pero a finales del siglo pasado la riqueza se distribuyó abarcando a más familias.

Hoy día Omán cuenta con una clase media reducida pero en crecimiento. La población rural se dedica a la agricultura de subsistencia, la pesca o la cría de animales. En el interior, la vida se organiza siguiendo la tradición tribal, habitando valles o aldeas. También existen las tribus de pastores. En los centros urbanos la tribu, aunque en menor medida, también tiene mucho peso como centro de actividad y contacto.

Los matrimonios suelen ser concertados, preferiblemente entre primos paternos, y es visto como un contrato para asegurar la subsistencia familiar. La poligamia es común entre las familias ricas y se suele elegir a una prima como primera esposa y otra chica más joven y sin vínculos familiares tan cercanos como segunda esposa. En tiempos pasados los hombres tendían a tener hasta cuatro mujeres, sin embargo, en la actualidad los hombres prefieren divorciarse de la primera mujer y casarse otra vez.

 

Cuando el Sultán tomó el cargo en 1970, se encontró con un país sumido en graves problemas, como el analfabetismo, las enfermedades y movimientos secesionistas en el sur. El Sultán utilizó pues, las ganancias procedentes de los hidrocarburos, de los que es amo y señor, para modernizar el estado creando una red hospitalaria y un sistema educativo eficaces, desarrollando la economía y construyendo infraestructuras. Este periodo se conoce en Omán como El Renacimiento o “An-Nahda”.

En 2011, las protestas de la Primavera Árabe también llegaron a Omán pero el Sultán las acalló con la promesa de más puestos de trabajo y beneficios sociales. No hay que olvidar que Omán es un Sultanato, no una democracia, por lo que el gobierno ejerce el control absoluto sobre ciertos asuntos. Como por ejemplo, en los medios de comunicación. Definitivamente, no hay libertad de prensa.

Económicamente, Omán, es altamente dependiente del sector servicios (51% del PIB) y los hidrocarburos (30% del PIB). Aunque posee riquezas minerales, estas son mucho menores que las que poseen sus vecinos del Golfo Pérsico. Ello propicia que Omán sea uno de los estados más pobres de la región. Sus principales socios comerciales son E.A.U., China e India, aunque Catar y Arabia Saudita también son importantes.

La distribución de la riqueza es muy desigual en Omán, al igual que su distribución geográfica. La población se concentra en la zona costera del norte, sobretodo en la capital, Mascate, puesto que un 70% de Omán es desierto. Así pues, la riqueza se concentra en torno a la capital y en menor medida en la ciudad de Salalah. La población  ha crecido de 2.9 millones en 2010 a 5 millones en 2018, por el gran número de inmigrantes que recibe el país, llegando casi al 50% la población extranjera. Omán vive una relativa tranquilidad y prosperidad, que contrasta con lo que se vive en gran parte de las regiones colindantes. A esto hay que sumarle que en su vecino del sur, Yemen, se está viviendo una cruenta guerra.

 

La situación estratégica de Omán

Antes de hablar de las relaciones internacionales de Omán es necesario destacar la privilegiada situación geoestratégica del país. Junto con Irán, actúa como torre de control de las entradas y salidas al Golfo Pérsico, guardando el Estrecho de Ormuz.

El estrecho de Ormuz tiene una anchura que varía entre 33 y 95km y une el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán. Debido a la poca profundidad de sus aguas solo se dispone de 3km por carril.  Sólo Irán y Omán son quienes comparten derechos territoriales sobre sus aguas. Según el derecho internacional Marítimo, el Estrecho debe estar abierto a buques de todas las nacionalidades y respetar un código de navegación específico. Este estrecho es uno de los pasos estratégicos más importantes del mundo, puesto que por este sale un tercio del petróleo que se comercia globalmente. Por esta razón potencias extranjeras se interesan por él: es vital para garantizar la seguridad energética de muchos estados.

 

Los países del Golfo lideran el ránquin de países exportadores de gas natural licuado y petróleo. Así pues, los cargos procedentes desde Irán, Irak, Kuwait, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos convergen en el estrecho.

 

El papel internacional de Omán

Durante el «Renacimiento» omaní el Sultán se encargó de abrir el país al exterior y ampliar las relaciones diplomáticas. Teniendo en cuenta la zona convulsa en la que se encuentra Omán, el Sultán optó por dar a su país un papel de mediador ón regional e internacional.

En lo que a asuntos regionales se refiere, Omán mantiene relaciones estrechas con ambos poderes regionales antagónicos, Arabia Saudita e Irán. Lo que ha conllevado a que sea percibido por los miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (GCC por sus siglas en inglés) como un “outsider”. De todos modos, Omán necesita mantener buenas relaciones con los estados del golfo, pues representan el principal mercado para sus productos.

En 2015 Arabia Saudita creó la Alianza Militar Islámica, que excluía intencionadamente a Irán e Iraq, pises de mayoría chiita. Para intentar mantener el estatus quo, Omán decidió no unirse a la alianza, gesto que no gustó a los demás países árabes.

Aunque las relaciones entre Irán y Omán son buenas, en los últimos años el Sultanato se ha sentido desilusionado con Teherán, pues este le ha dado largas en algunos proyectos conjuntos para atender otros asuntos. En particular, la construcción de un gaseoducto que conectase ambos países, que debía haberse construido en 2015 y que fue aplazado hasta 2017. No obstante, Omán es un aliado regional de suma importancia para Irán, tanto en lo político como a nivel económico. De tener desacuerdos, éstos surgirían de lo distinto de sus ideologías en cuanto a política exterior se refiere. Mientras que Omán está cómodo con sus relaciones con Occidente, Irán, como ya sabemos, mantienen una relación pésima con Estados Unidos y los valores que representa.

Precisamente Omán, jugó un papel importantísimo en las negociaciones de 2012 entre Irán y Estados Unidos. De ellas derivó la firma en 2015 del Plan de Acción Integral Conjunto entre Irán y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania y la Unión Europa. El mismo Plan que Trump dinamitó el año pasado al retirarse del acuerdo.

 

En Junio de 2017 Egipto, Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos acusaron a Catar de haber financiado a grupos terroristas y le amenazaron con sanciones de no cumplir sus exigencias. Catar no accedió a complacerles y desde entonces está sufriendo duros bloqueos por tierra, mar y aire. Como buen vecino y siguiendo su rol pacificador, Omán decidió ayudar a Catar dejándole usar sus puertos para que le llegaran las mercancías. Lo mismo pasó con los aviones, que para llegar a alguno de estos cuatro estados desde Catar, primero debían hacer escala en Omán. Desde el bloqueo, Catar ha aumentado su comercio con Turquía, China e Irán, lo que manda un mensaje claro a Arabia Saudita y sus aliados.

Catar es uno de los países más ricos y goza de la renta por cápita más alta del mundo, por lo que está resistiendo bastante bien al bloqueo. Esta situación no parece que vaya a menguar en un futuro cercano, no obstante, el Sultanato aceptaría de buen grado mediar entre los dos bandos.

 

Omán resulta un oasis de tranquilidad en medio del caos vivido en Medio Oriente. No obstante, en su vecino del sur, Yemen, se está viviendo una cruenta guerra civil desde 2014. Por un lado, encontramos al presidente Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, contra el que fue dirigido el golpe de estado de 2014, dando comienzo a la contienda. Por otro lado, se encuentran los hutíes y las fuerzas que apoyaban al difunto expresidente Alí Abdalá Salé. Las cosas se complicaron en 2015 cuando una coalición de países árabes liderados por Arabia Saudita se inmiscuyeron en la guerra para atacar a los hutíes, quienes se rumorea, están respaldados por Irán.

Se cree que Irán aprovecha sus buenas relaciones con el Sultanato para introducir armamento a los hutíes. Esta situación complica las cosas para Omán, ya que Arabia Saudita lo tiene en el punto de mira. El Sultanato, no puede permitirse perder a sus aliados del Golfo, los necesita política y económicamente.

A todo esto, también hay que tener en cuenta el desastre humanitario que esta suponiendo la guerra en Yemen. Miles de refugiados llaman a las puertas de Omán pidiendo asilo.

 

En el panorama internacional, Omán mantiene buenas relaciones con la mayoría de los países. No es de extrañar que los estados poderosos se interesen por él dada su posición geoestratégica.

Recientemente Estados Unidos ha firmado con el Sultanato un acuerdo que le permite a Washington utilizar tanto los puertos como los aeropuertos omaníes. En particular, Estados Unidos está interesado en dar uso al puerto de Duqm, situado en el Mar Arábigo a tan solo 500km del Estrecho de Ormuz. El acuerdo, a su vez, beneficiará al Sultanato que busca desarrollar la ciudad de Duqm, beneficiarse de la seguridad que otorga estar bajo el amparo de Estados Unidos y además, mantener su política exterior.

China también estaba interesada en hacerse con el puerto de Duqm, por lo que le ofreció un trato para invertir allí 10.7 millones de dólares. Cómo sabemos, Omán prefirió la protección militar que ofrece Estados Unidos y preservar el estatus quo de la región.

 

Omán mantiene el relato oficial del mundo árabe en lo que se refiere a Palestina. Por este motivo cabe destacar las recientes maniobras de normalización de relaciones entre el Sultán y Netanyahu. El presidente Israelí visitó Mascate en Octubre de 2018. Aunque Omán pueda utilizar esto para acercarse a Estados Unidos y así garantizar su seguridad, también es cierto que esto ensucia su imagen hacia el mundo árabe.

 

Actuar de mediador y fuerza de paz en una región tan convulsa no es fácil. Omán se ve obligado a hacer juegos malabares para mantener buenas relaciones con todos los bandos y aunque, (por ahora) lo consigue, no sería de extrañar que en el futuro Arabia Saudita lo excluyera a causa de sus vínculos con Irán. No obstante, esto parece que no va a suceder, y menos mientras se mantenga bajo el paraguas protector de Estados Unidos, quién mantiene lazos muy importantes con Arabia Saudita. Mientras esto siga igual, Omán está a salvo.

Algo que sí preocupa a las altas esferas del gobierno omaní es la sucesión al trono. Se rumorea que el Sultán Qaboos Bin Said Al Said padece de cáncer y se le ha visto con un aspecto más frágil en los últimos tiempos. No posee herederos directos, lo que suscita muchas dudas sobre el próximo Sultán. El reinado del Sultán Qaboos está llegando a su fin en un momento de alta tensión regional. Solo nos cabe desear que haya una sucesión pacífica y que quien tome las riendas del país siga con las políticas de mediación y paz del actual Sultán.

 

Por Clàudia Quijal.

 

 

Referencias:
La Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ficha País: Omán. Sultanato de Omán. Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España. Publicado: Marzo 2019. <http://www.exteriores.gob.es/Documents/FichasPais/OMAN_FICHA%20PAIS.pdf >
El revés de los mapas. Omán, ¿un sultanato tranquilo? ARTE. Publicado el 23 de Marzo de 2019.<https://www.arte.tv/es/videos/083964-009-A/oman-un-sultanato-tranquilo/?xtor=CS2-33-[ES_La+Vanguardia+%28Grupo+God%C3%B3%29]-[Internacional] >

 

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