SANCIONES DE QUITA Y PON

Sabido es que el tema de las sanciones, como en otros muchos casos de medidas que se toman contra otros países, se cumplen en función de los intereses del país sancionador en cada momento y en cada caso.

Un ejemplo reciente son las sanciones contra Irán. Unas sanciones durísimas por parte de EE.UU. que unilateralmente se ha salido del acuerdo que regulaba el programa nuclear civil iraní. Sanciones que al ser extraterritoriales EE.UU. aplica a cualquier estado o empresa privada que comercie con la República Islámica de Irán. El fin de estas sanciones es estrangular la economía de la nación persa para provocar el descontento de la población hacia el régimen iraní y que dicho descontento lleve a revueltas populares que terminen derribando el gobierno de los ayatolás.

Sin duda, desde la perspectiva actual, el mayor desastre geopolítico sufrido por los norteamericanos durante la guerra fría fue la caída de su aliado el Shah de Persia, Mohammad Reza Pahlevi.  La posición estratégica de Irán, así como su población, han convertido a este país en la pieza clave de lo que los americanos llaman el “Oriente Medio ampliado”.

No es la primera vez que en el caso de Irán lo Estados Unidos se saltan a la torera sus propias sanciones. Ahí está el famoso escándalo “Irán-Contra” en el que de manera secreta la administración Reagan vendió armas al Gobierno ayatolá Jomeini utilizando el dinero de esas ventas para financiar a la Contra nicaragüense que combatía al gobierno sandinista. Desde el famoso teniente coronel Oliver North, pasando por Robert McFarlane, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, por Caspar Weinberger, Secretario de Defensa de los Estados Unidos, o por John Poindexter, Consejero de Seguridad Nacional, llegando hasta el mismísimo presidente Ronald Reagan.

Pues bien, recientemente han hecho lo mismo con las sanciones impuestas a Irán. Las sanciones obviamente están dirigidas al sistema financiero iraní y a la venta de petróleo y gas, principalmente.

Por de pronto, ha habido ocho países a los que se los ha concedido una prórroga para que puedan seguir comprando petróleo a Irán, estos países son: China, Corea del Sur, Grecia, Italia, Japón, Taiwán, Turquía y… la India. Al mismo tiempo las sanciones se han aplicado a todo el territorio iraní excepto a un puerto estratégico para la venta de petróleo y gas, así como sus obras de desarrollo y ampliación. Es el puerto de Chabahar.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, concedió la excepción al desarrollo portuario y la construcción de un sistema intermodal para el envío de mercancías no sancionables para uso de Afganistán, así como a las continuas importaciones de productos petrolíferos iraníes de Afganistán. El objetivo de la medida es apoyar el “crecimiento y desarrollo económico de Afganistán, así como nuestra estrecha asociación con la India”, indica un comunicado del Departamento de Estado. India e Irán firmaron un Memorando de Entendimiento (MOU) para desarrollar el Puerto de Chabahar en mayo de 2016.

La clave está en la ubicación del puerto de Chabahar, único puerto iraní con acceso directo al océano Índico. Dicho puerto se encuentra en el sureste de Irán y tiene acceso directo al mar de Omán, evitando el problema que supone el estrecho de Ormuz para la navegación. La India firmó un acuerdo con Irán en el que el primer país equipará y operará dos muelles en la Fase I de desarrollo, con un contrato de concesión por 10 años que incluye una inversión de USD 85.21 millones y proyecciones de ingresos anuales de USD 22.95 millones. El puerto fue inaugurado a finales de 2017.

¿Por qué hace los EE.UU. esta excepción? ¿Solo para favorecer el acceso de productos a Afganistán, puesto que, este país no tiene salida al mar? Evidentemente, no. La razón tiene que ver, por una parte, con la India y, por otra, con China.

India y China, como es conocido, mantienen una relación de cooperación y rivalidad en la que predomina un factor u otro dependiendo del momento.

EL gran proyecto para el siglo XXI de China es la denominada Iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida anteriormente como “One Belt, One Road” (Una Franja, Una Ruta). Esta Iniciativa tiene dos vertientes, una marítima y otra terrestre. Su principal objetivo, que no el único, es conectar China con Europa. Por la vía terrestre necesita pasar por Asia Central tanto si se dirige, por el norte, a través de Kazajstán, Rusia, Bielorrusia y Polonia, en donde hay un hub logístico chino que distribuye las mercancías que llegan por tren al resto de Europa, como si se dirige, por el sur, también hacia Europa, pasando por Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán y Turquía para entrar finalmente en Europa Oriental.

Aquí interviene la jugada norteamericana de introducir la excepción a sus sanciones a Irán con el caso del puerto de Chabahar. Con ello, los estadounidenses consiguen favorecer, por un lado, a la India, en cierta medida un aliado estratégico de los EE.UU. en su cerco a China, por otro, dar a la India acceso a Asia Central para que pueda competir con China en esta región y crear una Ruta de la Seda India Norte-Sur frente a la China Este-Oeste.

Actualmente Pakistán es un aliado esencial de China y el Corredor Económico Chino-Pakistaní es la rama principal del eje central de la Iniciativa. Desde el puerto pakistaní de Gwadar, en manos chinas, este país puede evitar el problemático estrecho de Ormuz y, lo que es más importante, el aún más problemático estrecho de Malaca. Es más, Irán podría suministrar por vía terrestre gas y petróleo a China a través de Pakistán hacia el norte atravesando la cordillera del Karakorum para entrar en la Región Autónoma de Xinjiang ya en China. La India, sin embargo, bloqueada por Pakistán, no tiene acceso a Asia Central ni a Irán por vía terrestre. Esto explica “la excepción” norteamericana: permitir el acceso de la India a Asia Central y Afganistán a través de Irán usando el puerto de Chabahar. Esto le permite a la India competir con la Iniciativa de los chinos en Asia Central, región clave sin la cual es imposible la conexión terrestre con Europa.

Estamos, por tanto, ante una maniobra norteamericana más que, aparte de favorecer a la India, pretende socavar las relaciones chinas con los países centroasiáticos y Afganistán a través de la India. Es decir, una maniobra contra china, al igual que son los aranceles que le han impuesto los norteamericanos, o las presiones contra algunas empresas tecnológicas chinas, como ZTE y Huawei.

EE.UU. sabe perfectamente que si quiere derrotar a China en la guerra híbrida que ha desatado contra ella tiene que romper de alguna manera el proyecto chino de globalización que encarna la Iniciativa de la Franja y de la Ruta.

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