¡El REY ESTÁ DESNUDO!

No puede pasar más tiempo sin que gritemos en alto que “¡el Rey está desnudo!” como lo hizo un niño en el famoso cuento de Hans Christian AndersenEl traje nuevo del emperador”.  La célebre frase de Andersen que aparece en el cuento «No tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad» no solo es aplicable al tonto emperador, a los también tontos cortesanos que le rodeaban, como a la tonta población que admiraba el inexistente traje. Eso mismo está ocurriendo hoy con la visión de la realidad geopolítica actual. Nos encontramos ante una legión políticos, académicos, analistas y “expertos tertulianos” que niegan, bien por ignorancia, bien por interés o bien por ambas cosas, lo que realmente está sucediendo por no ir en contra de lo políticamente correcto, lo interesadamente correcto o simplemente por dejarse llevar por la corriente principal de pensamiento.

Esto trae un gravísimo problema, que la visión del mundo que se tiene no coincide con la realidad, en este caso, fundamentalmente por vivir pensando que la realidad actual es continuación de un tiempo pasado ya agotado.

No nos engañemos, el mundo ha dejado de ser euroatlántico para ser asiático, y eso conlleva que muchas instituciones que se crearon para un mundo euroatlántico, además dividido en bloques antagónicos (el bloque soviético y el bloque estadounidense), se han convertido en instituciones disfuncionales, en herramientas que pudieron tener utilidad antaño pero que ya son piezas de museo. Tal el caso de la OTAN y de la Unión Europea.

De hecho, Europa ya nada tiene que ver con la Europa colonial de finales del siglo XIX, que dominaba el mundo, es una Europa que desde la I Guerra Mundial está en decadencia camino de la irrelevancia política y económica. El gran imperio colonial del XIX, Gran Bretaña le cedió el testigo a los norteamericanos después de la II Guerra Mundial, como la gran potencia hegemónica occidental. La Unión Europea, que se irá construyendo desde la creación de Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951, es el resultado de la debilidad de Europa, no de su fortaleza, puesto que en el mundo de postguerra los estados europeos ya no tienen capacidad económica ni militar para competir en los mercados mundiales individualmente ni hacer frente a desafíos militares relevantes: como fue el caso de Francia con las guerras de Argelia e Indochina. Esa debilidad no ha hecho más que aumentar con el paso del tiempo y la crisis económica de 2008 ha terminado por reventar a la UE, que, moribunda, da un paso más hacia su inevitable defunción. No hay más que repasar actual panorama que presenta la UE:, con la caótica y traumática salida de Gran Bretaña de la Unión; la crisis de los emigrantes, que ha desencadenado la desafección de numerosos miembros de esta incumpliendo los acuerdos tomados al respecto –como es el caso de Hungría, Polonia, la República Checa o Italia-; la crisis en Francia por las protestas de los “chalecos amarillos” que tiene a ese producto prefabricado que es el presidente Macron contra las cuerdas y la crisis política en Alemania, con la canciller Angela Merkel en plena espantada, tras arrasar Europa con sus políticas de austeridad, con una socialdemocracia hundiéndose y una ultraderecha en ascenso vertiginoso. Además, el imparable auge de la ultraderecha en toda Europa pone la clave de bóveda a la tumba de la Unión Europea. De esto es plenamente consiente el Presidente Donald Trump cuando declara que no le interesa la OTAN y no tiene a Europa en su agenda como asunto prioritario en sí mismo, incluso la considera un problema cuando no un enemigo. Este “abandono” de los norteamericanos a los europeos a su suerte es el reconocimiento de una realidad evidente. La historia nos ha enseñado que nadie está vacunado contra una vuelta a los errores del pasado. La anomalía histórica que ha supuesto una Europa sin guerras desde el final de la II Guerra Mundial hasta los años noventa se ha acabado. Nadie creía en los años ochenta que, al margen de los dos bloques, pudiera haber una nueva guerra en territorio europeo. Y sin embargo, no solo hubo una sino que hubo varias, en la antigua República de Yugoslavia. Nadie piensa ahora que de nuevo vuelva haber una guerra entre algunos de los miembros de la Unión Europea, y sin embargo la historia nos recuerda que es algo que perfectamente puede volver a suceder. Ya lo dijo de manera inmejorable Primo Levi: “Ocurrió. En consecuencia, puede volver a ocurrir: Esto es la esencia de lo que tenemos que decir. Puede ocurrir, y puede ocurrir en cualquier lugar.” Primo Levi se refería al nazismo y al Holocausto; pero esto también es aplicable a la guerra. Sin descartar, en modo alguno, que no volvamos a repetir los errores del pasado, como está aconteciendo ahora, y vayamos hacia unos estados-nación europeos que caminan hacia el fascismo de nuevo (Alternativa por Alemania, Agrupación Nacional, Liga Norte, Demócratas de Suecia, Partido de la Libertad de Austria o Partido por la Libertad holandés). Europa, en cierto sentido, aunque subordinada a EE.UU., cuando ha sido dejada sola consigo misma ha demostrado que es incapaz de salir adelante en un mundo globalizado. Ella es su peor enemiga. Si los estadounidenses tienen menos interés por Europa los chinos, parecen, sin embargo, tener más interés por ella.

EE.UU. en guerra con China y Rusia

El OBOR tiene un gran promotor, China; dos grandes protagonistas, Rusia y la India, que colaboran con el gran promotor en mayor o menor medida (más Rusia que la India); pero que al mismo tiempo construyen sus propias Rutas de la Seda (más norte-sur que este-oeste), y una potencia regional clave, Irán, que es un pivote estratégico para las tres Rutas de la Seda. Esto lo sabe perfectamente Trump, y, por eso, como tiene claro que el aspirante a sustituir a los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial es China, el único país que como los norteamericanos se ha convertido en una potencia global con intereses globales (Rusia una potencia continental euroasiática; pero no global) y, por lo tanto, le guste o no, está obligado a actuar como tal, ha desplegado –en la medida que le ha dejado el establishment estadounidense y sus vasallos europeos- una estrategia coherente con el mantenimiento la lógica imperial norteamericana que no está dispuesta a ceder su hegemonía mundial.

En esta lucha entre imperios, uno declinante, EE.UU., y uno emergente, China, Europa -le guste o no- no puede ser neutral. La actual debilidad europea no le permite tener una política común e independiente y sólo le queda una opción realista: acercarse a Rusia. Ya empiezan a oírse voces europeas en favor del levantamiento de las sanciones a Rusia. Las economías de Rusia y Europa son altamente complementarias, el mundo anglosajón y, no digamos ya el chino, están culturalmente más alejados de la cultura europea que el ruso, Rusia puede proporcionar un equivalente paraguas nuclear a Europa que el que actualmente le proporciona EE.UU. y, quizá lo más importante, ambos van a ser los grandes perdedores del enfrentamiento norteamericano-chino.

Dado que es imposible que la UE pueda tomar ya decisión alguna relevante al respecto, cada estado-nación debe desarrollar una nueva política que se adapte a la nueva situación. Si bien España no puede salirse de la OTAN ni de la UE, ni sería conveniente en estos momentos, sí que puede empezar a tomar decisiones al respecto. Por ejemplo, comenzar por hacerse socio de dialogo de la Organización de Cooperación de Shanghái, fomentar las relaciones con Rusia como puente hacia Asia y con diferentes regiones y organizaciones como Asia Central y la ASEAN.

Europa esta desnuda, sus miserias a la vista de todos y creciendo imparablemente. Si no buscamos la creación de un espacio económico y de seguridad común con Rusia pagaremos un alto precio, y me temo, que como pasó ya en la II Guerra Mundial Rusia tendrá que volver a salvar a los europeos de su locura. Si seguimos pensando que el pasado reactualizado no puede volver a repetirse debemos recordar permanentemente la frase de Bertolt Brecht: “Señores, no estén tan contentos con la derrota [de Hitler]. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo” 

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