LA “REVOLUCIÓN TRANQUILA” DE SHAVKAT MIRZIYAYEV

El Uzbekistán de hoy en día está experimentando una transformación que, sin temor a equivocarnos, podríamos denominar como una “revolución tranquila” que está cambiando el país de forma paulatina y radical hacia un estado y una sociedad moderna que concilia esta modernidad con el mantenimiento de sus mejores tradiciones y de su historia. Todo ello gracias al liderazgo de su actual Presidente Shavkat Mirziyayev.

Shavkat Mirziyayev llegó a la Presidencia de Uzbekistán tras las elecciones del 4 de diciembre de 2016. Jurando su cargo como nuevo Presidente el 14 diciembre. A partir de ese momento, Mirziyayev inicia una serie de reformas en diferentes ámbitos que van a dar un nuevo impulso al país provocando una apertura al exterior cada vez mayor.

Quizá el ejemplo más significativo de estas reformas lo encontramos en las relaciones internacionales, y especialmente, en las anteriormente difíciles relaciones con su vecino Tayikistán. La principal causa de sus desavenencias estaba en la presa de Rogún. Dicha presa era cuestionada por la parte uzbeka porque podía afectar seriamente al flujo de agua del Amu Daria agravando la situación de los grandes campos de algodón uzbekos.

La presa de Rogún, un antiguo proyecto inacabado de la época de la URSS, que el Presidente tayiko Emomali Rahmon retomó posteriormente, llevó a ambos países a tener importantísimas divergencias sobre las consecuencias del proyecto. Mirziyayev dio un nuevo enfoque al problema que condujo el 17 de agosto de 2018 a la primera visita oficial a Uzbekistán del Presidente tayiko en 20 años. La mejora de las relaciones entre ambos países, finalmente, ha llevado a un acuerdo sobre la polémica presa de Rogún. De hecho, el 16 de noviembre de 2018 el presidente tayiko inauguró una parte de la presa, que entró en funcionamiento, asistiendo una delegación uzbeka a ésta. Esto es un síntoma de los profundos cambios que el presidente uzbeko está realizando en la región. Pero el compromiso uzbeko-tayiko va a más allá, puesto que Uzbekistán ha decidido a participar en la construcción de varias centrales hidroeléctricas en Tayikistán.

La mejora también se ha extendido a sus otros vecinos centroasiáticos, implicándose incluso en la búsqueda de una solución a la guerra en Afganistán. La actividad del Presidente uzbeko ha ido incluso más allá de Asia Central firmando acuerdos con los EE.UU. por valor de 4.800 millones de dólares; con Rusia, en una primera fase inicial, por valor de 27.000 millones dólares y con Francia por 5.000 millones de euros.

Es de destacar el gran desarrollo que se ha producido en las relaciones entre Rusia y Uzbekistán, donde ya se ha puesto en marcha la construcción la primera central nuclear uzbeka, construida por Rusia, o el envío de un mayor número de militares uzbekos a formarse en el país eslavo. Algo impensable en épocas pasadas. Mirziyayev está sabiendo realizar una política exterior equilibrada que es capaz, no solo de mantener buenas relaciones con sus vecinos, sino que logra hacerlo con grandes potencias enfrentadas actualmente entre si como los EE.UU., Rusia y China.

La mejora también alcanza a los derechos humanos y esto va, desde el reciente reconocimiento de los avances a la hora de erradicar el trabajo infantil forzoso en la recogida de algodón, hasta el clima de una mayor libertad que de respira entre los ciudadanos uzbekos o un “buzón ciudadano” en el que los uzbekos pueden plantear sus quejas a la administración pública de forma anónima.

Consciente de la importancia del desarrollo económico para poder implementar posteriormente otro tipo de reformas, la política del presidente hace especial hincapié en la apertura de su mercado al exterior para traer nuevas inversiones que fomenten esencialmente tres grandes cuestiones que son claves para el futuro de Uzbekistán. Estas son: el desarrollo de las infraestructuras (carreteras, vías férreas, aeropuertos, centrales eléctricas, etc.), la transferencia de tecnología y de “know how” y la formación de trabajadores cualificados.

Igualmente, el Presidente tiene claro que esta liberalización de la economía uzbeka tiene que estar acompañada de una modernización de la administración pública en todos sus niveles. Esto significa combatir la corrupción y alcanzar un mayor grado de eficacia del funcionariado público en la gestión de los diferentes asuntos que atañen al Estado. Para ello, Mirziyayev está implementando una serie de leyes con el fin de combatir estos problemas heredados de la antigua Unión Soviética. Especial énfasis hace en la participación de los ciudadanos a la hora de controlar las actividades de las autoridades locales que se evaluarán principalmente a través de ésta, es decir, por el número de apelaciones que estos dirigen a dichas autoridades y la solución práctica a los problemas existentes que estas les dan. Por tanto, la ciudadanía evaluará a sus dirigentes. Es un primer paso para ir logrando una mayor participación ciudadana en el ámbito de lo público.

Como afirma el Presidente: “No es la gente la que debe servir a los organismos estatales, sino que los organismos estatales deben servir a las personas”.

España puede contribuir a la modernización de Uzbekistán de distintas maneras, especialmente en el campo económico. Las empresas españolas pueden colaborar específicamente en la agricultura, la energía, la industria química, las finanzas, el turismo, la industria textil, la sanidad, tecnologías digitales o las infraestructuras, por ejemplo.

El interés de Uzbekistán por España es, además, creciente como lo demuestra el nombramiento de un nuevo Embajador en España, D. Jakhongir Ganiev, tras unos años en los había Embajada, pero no Embajador en Madrid, o la visita del Ministro de Asunto Exteriores uzbeko, Abdulaziz Kamilov, a la cabeza de una amplia delegación el 17 de mayo de 2017 en el que se firmaron numerosos acuerdos; entre ellos, el establecimiento de un vuelo directo entre España y Uzbekistán, o uno MOU de colaboración entre las Cámaras de Comercio de ambos países.

Las expectativas de desarrollo y crecimiento de la economía uzbeka, así como de la mayor libertad que ya se puede notar en la sociedad auguran, bajo liderazgo del Presidente Shavkat Mirziyayev, un futuro de prosperidad y bienestar para el país centroasiático.

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