UZBEKISTÁN, UN OASIS EN LA RUTA DE LA SEDA

UZBEKISTÁN, UN OASIS EN LA RUTA DE LA SEDA

 

En el corazón de la Ruta de la Seda, entre los ríos Sir Daria y Amu Daria, encontramos el territorio de Uzbekistán. Durante años este país ha sido una de las repúblicas más herméticas del continente asiático. Desconocido para muchos, y pese a haber vivido un cruento e inestable siglo, la muerte de su antiguo dictador, Islam Karimov, ha impulsado que la República de Uzbekistán haya comenzado recientemente una serie de reformas aperturistas que han ayudado al desarrollo del turismo y la búsqueda de inversores, un turismo que no se quiere perder las maravillas que este país encierra. Sin ir más lejos, esta misma semana Uzbekistán aprobó las casas de cambio de criptomonedas en lo que es claramente una mirada a la economía cambiaria del futuro.

Las tres maravillas del país son las ciudades de Khiva, Bukhará y Samarcanda, un país que ha incrementado su turismo en los últimos 10 años en más de un 150%, llegando a tener más de 2 millones en 2016.Además de todos los datos de número de turistas que nos muestran plataformas como el Word Bank Group, Uzbekistán fue elegida este mismo año por la prestigiosa revista Travel and Leisure como el mejor destino turístico del año 2018.

MAPA DE UZBEKISTÁN EN ASIA CENTRAL. EN BLANCO LA RUTA DE LA SEDA

Dentro del territorio uzbeko, han coincidido personajes como Avicena, uno de los médicos y científicos más avanzados de su tiempo, Marco Polo, pionero en atravesar Asia Central y la Ruta de la Seda, y Gengis Khan, cuya conquista de la ciudad de Samarcanda fue una de las más importantes del imperio mongol. Ya en el siglo XV, el líder militar Tamerlán, uno de los conquistadores nómadas más importantes de la historia, estableció su imperio en torno a este territorio y a la ciudad de Samarcanda. Tamerlán consiguió hacer florecer esta ciudad, al mismo tiempo que lograba que todas las caravanas de la Ruta de la Seda pasasen por Samarcanda, tanto si venían de Europa como si se dirigían allí. Al mismo tiempo desarrolló el arte en las ciudades del país dentro de lo que conocemos como movimiento artístico timúrida o Renacimiento de Tamerlán.

Lo que solía ser un país hermético con un régimen de visados para extranjeros especialmente estricto, está poco a poco abriendo sus fronteras al turismo con el fin de mostrar al mundo la majestuosidad de lo que en su día fue el núcleo y corazón de la Ruta de la Seda.

VISTA DE LA CIUDAD DE KHIVA

Esta majestuosidad queda especialmente reflejada en las murallas de la ciudad de Khiva, la ciudad de las mil y una noches, considerada un museo al aire libre. Khiva se encuentra entre dos duros desiertos, el Kara-Kum y el Kizil- Kum, y pese a ello cercana a la zona fértil del Amu Daria, que hizo posible el crecimiento de la ciudad. Esta ciudad ha sido históricamente un constante intercambio de productos, de seda y especias, pero también de conocimientos y noticias sobre todas las partes del mundo.

Es por tanto una ciudad de cultura y progreso que actualmente es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, dando así prioridad a la conservación de algunos de los mejores ejemplos de arquitectura árabe en Asia Central. Definitivamente, es el conjunto de adobe y azulejo, el característico color azul de las cúpulas y minaretes, sus mezquitas y madrasas, lo que hacen de Khiva una ciudad especial.

Khiva es la ciudad uzbeka que más turistas nacionales recibe, muchos de los cuales no se quieren perder el palacio Kunya Ark o el minarete Kalta Minor. Este último goza de 50 metros de altura y en un principio se quería establecer como el minarete más alto de toda Asia, símbolo de majestuosidad, pero el Khan Muhammed falleció antes de su completa construcción.

También está considerada como Patrimonio de la Humanidad la ciudad uzbeka de Bukhara, una de las ciudades más bellas de la Ruta de la Seda que es además santa para el islam. Esta ciudad de nobles cuenta con más de 300 mezquitas y unas 100 escuelas coránicas. Por Bukhara pasaban prácticamente todas las caravanas provenientes de Oriente Medio, en la que se consideraba la segunda ciudad más importante del país vista la predilección de la dinastía timúrida por la apreciada Samarcanda.

Al igual que en Khiva, Bukhara se sitúa en pleno desierto por lo que tuvo que desarrollarse en la ciudad el más completo y avanzado sistema de irrigación del momento, capaz de llevar el agua a todas las zonas de la ciudad y haciendo fértil una ciudad casi desértica. Son las calles de Bukhara las que vieron los avances científicos del ya mencionado Avicena y su Canon de medicina. Espectaculares son las calles de esta ciudad repleta de mezquitas y madrasas, así como sus palacios y fachadas. Mención especial en Bukhara cabe hacer sobre los atardeceres desde cualquier punto elevado de la ciudad, unos atardeceres que te transportan a los siglos de esplendor del comercio en la Ruta de la Seda. Destacan también los mausoleos de la tradición sufí, una rama filosófico-moral del islam muy arraigada en la historia uzbeka con los minaretes de cúpula totalmente redonda y la muralla que rodea la ciudad.

Pese a la belleza e importancia de las dos ciudades ya mencionadas, la ciudad más peculiar e importante del país es la ciudad de Tamerlán, Samarcanda. Esta sea probablemente una de las ciudades del mundo donde mejor confluyen las costumbres de Oriente y Occidente, donde un viajero siempre encuentra su sitio en el alma nómada de la ciudad y sus azulejos turquesa. El propio Alejandro Magno habló de lo maravilloso de esta ciudad de más de 2800 años de historia, cuna de los muchos imperios que han pasado por Uzbekistán, y clave en el intercambio de culturas y avances como el papel, venido desde China.

Fue sin embargo el ya mencionado Tamerlán el que, junto a las transformaciones culturales llegadas de Persia, Europa, India o China, desarrolló su propio movimiento artístico en la ciudad y dio paso a su auge nombrándola capital del imperio y dando paso a la dinastía timúrida. Bajo su mando se llevó a cabo la construcción de la plaza del Registán, la más emblemática y bonita de la ciudad, considerada en su momento la «plaza del mundo».

PLAZA DEL REGISTÁN, SAMARCANDA

Podremos visitar en la ciudad además cantidad de mezquitas de la época de Tamerlán, así como una serie de mausoleos entre los que se encuentra la propia tumba del conquistador. También podremos visitar los más importantes edificios de esta dinastía timúrida.

Tamerlán el conquistador tiene una historia que le relaciona directamente con la ciudad de Madrid. El diplomático Ruy González de Clavijo fue mandado por Enrique III a Samarcanda en búsqueda de una alianza contra el imperio turco. Clavijo quedó maravillado con el ir y venir de los mercaderes y las peculiaridades de aquel oasis en la ruta de la seda y además, gracias a su buena relación con Tamerlán, el conquistador puso el nombre de Madrid a uno de los barrios de la ciudad, un barrio que perdura hasta nuestros días.

Además de estas tres grandes ciudades, muchos de los turistas que arriban a este país tratan de visitar también la zona del Mar de Aral con el objetivo de fotografiarse con los barcos que quedaron atrapados en el desierto, y también tratan de vivir la experiencia nómada durmiendo en las yurtas. Pese al mundo globalizado en el que vivimos, en Uzbekistán aún persisten las poblaciones nómadas del desierto, herencia de la influencia mongol permitiendo a los turistas disfrutar de noches en pleno desierto en estas pequeñas casas portátiles.

Otro de los atractivos turísticos del país es su curiosa gastronomía, característica de las repúblicas centroasiáticas. Dentro de las especialidades cárnicas y guisos, destacan el plov, una especie de guiso con arroz, patata, cordero y garbanzos, y el sashlik, similar a los pinchos morunos que conocemos. Esta gastronomía no destaca por su variedad, pero si por su calidad.

Pese a todos los atractivos turísticos en Uzbekistán ya mencionados, sin duda el más importante de ellos es su gente, mucho más importante que la visita de una madrasa o el paisaje de una de sus mezquitas son las conversaciones y miradas con los habitantes locales, muy gentiles y agradables, a los que les encanta recibir turistas en su país. Estas características, unidas a la juventud de su población y a la apertura que está llevando a cabo el gobierno mediante programas de desarrollo en política exterior, economía, educación y sectores sociales, harán que Uzbekistán pueda continuar siendo uno de los grandes atractivos turísticos de Asia Central.

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