ASTANÁ, LA PRIMERA CIUDAD DEL SIGLO XXI CUMPLE 20 AÑOS

Este año la actual capital kazaja, Astaná, celebra su 20 aniversario la capital del país. Fue una decisión personal del Presidente Nursultan Nazarbayev el traslado desde Almaty, la anterior capital hasta este momento, a una pequeña población del centro del país, Akmola. Era el año 1998, en junio, cuando defi-nitivamente se movió la capitalidad de Almaty a dicha ciudad, que pasó a re-nombrarse como Astaná.

Astaná representa en buena medida lo que es Kazajstán: un país nuevo, joven, dinámico, abierto al futuro, innovador, tolerante, hospitalario… como su capital.

EXPO Astaná 2017

Muchos kazajos todavía discuten la conveniencia de transferir la capital de Almaty a Astaná, un lugar aislado en el centro de Kazajstán azotado por lo fríos vientos de la estepa que puede llegar a los 50 grados bajo cero. Sin embargo, tras más de veinte años la antigua Tselinograd de tiempos soviéticos, luego denominada Akmola y ahora conocida como Astaná, va resolviendo sus problemas climáticos, gracias a tecnología y al empeño del Gobierno por convertirla en una ciudad emblemática. Astaná es, sin duda, la primera ciudad del siglo XXI.

La extraordinaria riqueza mineral y energética de Kazajstán, primer país en reservas de uranio y decimo país productor de petróleo, han hecho posible el milagro de Astaná. Por citar un dato de la pujanza económica de Kazajstán, el sitio web oficial del gobierno kazajo publicó los datos de inversión directa fueron atraídos por el país durante los 26 años de su independencia: alrededor de 300 mil millones de dólares. Esto es, más del 70% de la entrada total de inversión directa para toda Asia Central. Los mayores inversores son Holanda, Estados Unidos, Suiza, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Italia, Japón, Bélgica y Canadá. Y de estos 300 mil millones de dólares alrededor de 20 mil millones de dólares recaen en Astaná.

Astaná, una ciudad completamente nueva surgida de la estepa en la que han trabajado y trabajan algunos de los más grandes arquitectos del mundo actual. Desde el aeropuerto que hizo Kishō Kurokawa hasta la Pirámide de la Paz y la Reconciliación y el Khan Shatyr, obras del famoso arquitecto Norman Foster que ya se han convertido en obras icónicas símbolos de la ciudad.

El año pasado, la capital kazaja, por primera vez organizó una exposición internacional, la primera en todo el espacio postsoviético, la EXPO 2017 de Astaná. El tema de la EXPO fue el “La Energía del Futuro” donde se apostaba claramente por las energías renovables. Una vez más, Kazajstán es pionera en Asia Central, en este caso, en el desarrollo de energías sostenibles.

Poco a poco la ciudad ha ido creciendo tanto en población (más de un millón de habitantes) como en importancia y cada vez se hace más cosmopolita. Un centro político, económico, religioso y cultural, que va ganando fuerza en el mundo. Desde el Congreso Mundial de Dirigentes de Religiones y Tradicionales celebrado cada tres años hasta el Foro Económico de Astaná del que el Alcalde de la capital, Aset Isekeshev dijo que la ciudad se convertirá en el futuro se convertirá en una ciudad global encabezando la transformación del país teniendo como modelos ciudades tan importantes como Singapur y Dubái con las que aspira rivalizar.  En el Foro, de este año se supo que la ciudad ya estaba en condiciones de devolver todos los fondos invertidos en su construcción: más de 2 billones de tenges, o lo que es lo mismo, más de seis mil millones de dólares. Ahora queda claro por qué Astana es llamada la locomotora del desarrollo de la economía kazaja. Con el advenimiento de la nueva capital, el sector de la construcción cobró un gran auge. Eso supuso una cierta ralentización del desarrollo en las demás ciudades del país; pero a largo plazo en crecimiento de la capital ha servido de efecto domino arrastrando a las demás ciudades hacia un mayor desarrollo.

Astaná es una ciudad viva, en pleno crecimiento. No obstante, las autoridades locales están tratando de descargar al máximo el presupuesto público atrayendo inversiones privadas que financien los proyectos arquitectónicos y urbanísticos más caros.

Bajo el liderazgo del presidente Nursultan Nazarbayev, gracias a la política exterior directamente dirigida por él, Kazajstán ha sabido ganarse la confianza del resto de la comunidad internacional. Prueba de ello es que su capital haya sido elegida para realizar las conversaciones de paz entre el Gobierno sirio y su oposición con los auspicios de Rusia, Irán y Turquía en las que ya son mundialmente conocidas como las “conversaciones de Astaná”. Otra prueba de la confianza y de la buena visión que se tiene de Kazajstán como un actor importante y responsable en política exterior es su elección como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2016.

Pero Astaná no se detiene y cuando terminan los grandes acontecimientos que en ella se celebran, surgen nuevos proyectos. Tal es el caso de la EXPO 2017. Terminada ésta, en las instalaciones de la EXPO se está construyendo un centro financiero internacional. Hace unos días se anunció que el centro financiero “Astana” ya había registrado 13 empresas, 20 más se han postulado para participar en él, los planes de Astana International Financial Centre (AIFC) prevén que 100 empresas más se instalarán hasta el final de año y en 3 años se alcanzarán las 500 empresas.

El futuro de Astaná no puede ser más prometedor como lo es el futuro del propio país. No solo desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, de los transportes, administrativo o económico Astaná cobra cada vez más peso como capital de Kazajstán sino también como una ciudad que está constituyéndose en un polo de atracción cultural y científico. Desde el reputado ballet de la ciudad hasta la prestigiosa Universidad Nazarbayev. Astaná convierte el futuro en presente.

 

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