Y AL FINAL, LA FINAL QUEDÓ EN SEGUNDO PLANO.

La Final de Copa del Rey estuvo rodeada por factores externos que le restaron importancia.

El pasado sábado a las nueve de la noche tuvo lugar en el Estadio Metropolitano la final de Copa del Rey entre Sevilla y Barcelona. El Barcelona llegaba a esta cita con el cartel de favorito colgado del cuello, dado que acumulaba los trofeos de las tres últimas ediciones, pero tampoco se podía confiar, al fin y al cabo, ambos equipos cayeron en cuartos de Champions esta temporada, es decir, sus situaciones no estaban tan dispares.

Al margen de lo que podía suceder sobre el verde, el partido llegaba con un clima de tensión importante, tanto por motivos deportivos como extradeportivos. En primer lugar, hubo rumores sobre la posible salida del Barcelona del txingurri Valverde. Según parece, en la directiva del club catalán, se sopesó la posibilidad de cambiar de entrenador, en caso de que uno de sus capitanes no levantara el trofeo en Madrid. Desde Sevilla, era la afición quien venía con la mosca detrás de la oreja. Los de Nervión no venían contentos con la trayectoria del equipo esta temporada: sin ganar títulos, si se perdía la final (hay que recordar que el Sevilla ha dado un salto de calidad, al pasar de competir en Europa League, su competición fetiche, a Champions League, quedando entre los 8 mejores equipos de Europa), y sin estar en puestos de Europa League, donde justamente se encuentra el eterno rival: el Betis.

El entrenador del FC Barcelona llegó al partido con rumores respecto de su futuro.

Al margen de lo deportivo, que como he dicho, venía fuerte, estaba el tema político, que tampoco se quedó atrás. Como en cada final de Copa del Rey en que participan equipos que pertenecen a territorios con movimientos nacionalistas, se pitó el himno y hubo debate en torno al tema, en el que incluso se llegó a mojar la Policía Nacional. También hubo polémica por obligar a los aficionados del club de la ciudad condal a deshacerse de las prendas amarillas que portaran encima. El Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, afirmó no haber dado la orden de que se produjeran esas actuaciones.

Al margen de las polémicas, tras los himnos, comenzó el partido. Abrió la lata en el minuto 14, mediante asistencia de Coutinho, Luis Suárez, el uruguayo se desquitó así con una competición que se le atravesaba, especialmente en las finales. Andrés Iniesta tuvo el segundo en sus botas, pero el disparo se le marchó al palo. No dejaba de atacar el Barcelona, que, una vez que conseguía hacer llegar el balón a su segunda línea, se sentía muy cómodo y empezaba a tocar con mucha rapidez. Había veces que costaba seguir la jugada. Por tanto, sólo fue cuestión de tiempo que en el minuto 31 Messi lograra el segundo gol a pase de Jordi Alba. En el minuto 40, Suárez logró el tercero, gracias a una asistencia de Messi. El cuarto gol, de Andrés Iniesta en el minuto 52, fue el más destacado del partido. Y lo fue, porque no es habitual ver a Iniesta, ese jugador que tiene posibilidad de tirar en el área y prefiere pasar, marcar y porque fue Messi el que le asistió y porque la jugada es de enseñar a los y las prebenjamines para explicar la importancia de saber tocar según te llega el balón y porque nadie vio posible que, tirando desde donde tiró, la pelota entrara y porque hay rumores, cada vez más confirmados, de que esta es la última temporada de Iniesta en el club catalán y de que jugará la próxima temporada en China. El último gol fue de Philippe Coutinho en el minuto 79 de penalti.

El castellano-manchego, cuyo futuro parece lejano de España, se ganó el cariño de las aficiones.

Durante el partido, Iniesta obtuvo los reconocimientos de las aficiones, pero el postpartido en las redes y los medios no fue menos. Sin embargo, la celebración en Canaletas, la fuente a la que acuden los aficionados azulgranas a celebrar los títulos del equipo, no fue como años anteriores. Hay quien lo achaca a que el equipo haya ganado cuatro veces seguidas el título, hay quien considera que la derrota contra la Roma sigue doliendo, pero el caso es que la celebración fue menor. También hubo rumores sobre un posible enfado de Valverde en la vuelta de Madrid a la ciudad condal por los rumores sobre la extinción de su contrato, según los cuales, los capitanes y jugadores con más antigüedad e importancia en el club le pidieron su continuidad.

Con respecto a la afición del Sevilla, el enfado con sus jugadores, la directiva y Montella, el entrenador, fue mayúsculo. La misma noche que se perdió el partido se pudo ver a N’Zonzi, centrocampista del equipo hispalense, por una discoteca de Madrid, lo que no relajó, que digamos, a la afición sevillista. Nico Pareja, capitán del equipo, llegó a encararse con un aficionado como respuesta a los insultos recibidos. La directiva, en especial, el Presidente, Pepe Castro, también recibió de la afición. De los pocos jugadores que se libraron, fueron Jesús Navas y Ever Banega, entre otros poquísimos más.

N’Zonzi aumentó el enfado del sevillismo.

Como habéis podido apreciar, entre las situaciones de ambos equipos, los rumores, lo sucedido después del partido y la tensión política, lo de menos acabó siendo lo que sucedió cuando el trencilla dio el pitido inicial y el balón comenzó a rodar.

A %d blogueros les gusta esto: