Hombres Necios, Amor Inoportuno y Virreinas de México

¿Sabes ya a qué nos referimos?… ¿no?, ¿y si te decimos “México”… “sor”… o … ”barroco”?. Si ya sabes de quién hablamos, ¡enhorabuena!. Y si no…. no te preocupes, al fin y al cabo no ocurre con demasiada frecuencia que desde la infancia nos hablen de mujeres por muy ilustres que fueran. Nos referimos a la que fuera religiosa de la Orden de San Jerónimo y exponente del Siglo de Oro de la literatura en español: Sor Juana Inés de la Cruz. Hoy hace exactamente 323 años que moría, el 17 de abril de 1695, a causa de una epidemia de peste.

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, su nombre original, fue lo que se conoce como una adelantada a su tiempo. En contra de todo convencionalismo, buscó siempre independencia y conocimiento, hasta el punto de encerrarse los veinte años en un convento para poder estudiar.  En “Yo, la peor de todas”, la película argentina dirigida por María Luisa Bemberg e inspirada en el ensayo “Las trampas de la fe” de Octavio Paz, podemos ver los últimos años de la Décima Musa ( como se la conoce en México). Se relata su difícil vida en la que a menudo la Iglesia cuestionaba su forma de pensar y de sentir:  la censuraban por dedicarse al arte y la astronomía y expresar , en casi 50 poemas dedicados exclusivamente a ella, sus sentimientos por la virreina de México, la marquesa de La Laguna.

Volvamos al título. Si no conocías a sor Juana, desde luego ya te habrá quedado clara la última parte… Sin embargo, ¿qué hay de “Hombres Necios” y “Amor Inoportuno”?. Son nada más y nada menos que algunos de los poemas que dejó escritos para la eternidad. Aquí un pedacito de “Hombres Necios” (esperamos que tanta actualidad no te asuste):

Hombres Necios

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia

y luego con gravedad

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco

al niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia

hallar a la que buscáis,

para pretendida, Tais,

y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata,

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata ofende

y la que es fácil enfada?

 

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