Feminismo proletario: 10 años sin Anuradha Gandhy

Hace 10 años que la India y la clase obrera perdían a una de sus líderes más destacadas, Anuradha Gandhy. La causa de la muerte fue una malaria falciparum que contrajo en Jharkhand, mientras enseñaba a sus habitantes sobre la opresión de las mujeres en la sociedad.

Hija de una pareja de comunistas, se intrigó por la política por primera vez en la universidad, en los 1970s, época de la  Revolución Cultural China, de la reacción a la guerra de Vietnam en los EE.UU., de la guerra con Bangladesh, y de la rebelión de Naxalbari. Anuradha se involucró con Movimiento Juvenil Progresista ( PROYOM ), un grupo estudiantil radical, ad través del tomó contacto con el movimiento naxalita de entonces.  En 1969 Anuradha participó en la fundación del Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista). Debido a su involucramiento en los movimientos revolucionarios, fue arrestada varias veces hasta que tuvo que pasar a la clandestinidad. Trabajó por fortalecer el trabajo entre las mujeres y expandir la Krantikari Adivasi Mahila Sangathan (KAMS), una organización feminista popular con más de 90,000 miembras y llegó a ser elegida en el Comité Central del Partido siendo entonces la única mujer con ese rango.

Comunista revolucionaria, feminista proletaria, firme creyente de la justicia con pasión por el aprendizaje y el conocimiento, junto con la determinación absoluta de lograr el cambio… Anuradha Gandhy es una figura esencial en la India, y en todos los movimientos sociales revolucionarios. A pesar de ello, es una figura poco conocida en occidente más allá de los dichos movimientos donde sus escritos son fundamentales, sobre todo en lo relativo a la cuestión de la mujer y las castas. Es gracias a éstos que comprendemos la esencia del feminismo proletario. Entre los  más conocidos se encuentran: “Tendencias filosóficas en el movimiento feminista”, “El movimiento revolucionario de las mujeres en la India”, “El 8 de marzo y el movimiento de mujeres en la India”, “Día internacional de la mujer: pasado y presente”, o “Fascismo, fundamentalismo y patriarcado”. A continuación exponemos un breve resumen de los pilares de su pensamiento como pequeño homenaje:

  • El enfrentamiento continuo contra el capitalismo y la sociedad de clases, que son en esencia patriarcales. Es imposible lograr la emancipación efectiva sin la liberación de las mujeres. Denunciando el moralismo legalista en materia de igualdad, esta autora afirma que las guerras prolongadas de liberación popular deben abordar desde el primer momento la tarea de abolir el patriarcado.

 

  • La lucha antipatriarcal sólo es posible desde el antiimperialismo, desde la denuncia del feminismo blanco y neocolonial que intenta imponer un concepto concreto y etnocéntrico de liberación social. Desde este punto, se rechaza el feminismo burgués como no liberador: las políticas de igualdad, por sí solas, son formas de gestionar la opresión. Una gestión, además, que ha demostrado ser ineficaz, inestable y tendenciosa. La agenda de la igualdad ha sido instrumentalizada: a nivel internacional para justificar la injerencia humanitaria, las invasión de países y una cooperación para el desarrollo que apuntala dependencias y exacerba las diferencias sociales; a nivel nacional para imponer la idea de una falsa unidad de las mujeres, primando esencialmente políticas pensadas para las mujeres de clase media-alta blanca (emprendimiento, techo de cristal, conciliación, etc).

 

  • El rechazo al esencialismo biológico: los seres humanos nos hacemos socialmente y por lo tanto las categorías mujer/hombre también son esencialmente sociales, construidas, y por tanto modificables. La identificación con la categoría hombre o mujer en el momento del nacimiento exclusivamente en función del aparato reproductor es claramente insuficiente. Así, las diferencias biológicas son excusas que perpetúan diferencias, marginaciones y generan divisiones en las luchas dificultando el trabajo colectivo y la solidaridad. Es importante construir relaciones no antagonistas entre mujeres y hombres. El enemigo es el patriarcado – no los hombres – y es necesario centrarse en combatir la opresión sistémica, y no tanto en las agresiones sufridas individualmente.

 

  • La defensa de la organización revolucionaria y la actividad política de masas, acompañada de la denuncia de un tipo de jerarquía en las organizaciones que, en un marco capitalista, es inherentemente patriarcal, masculina y por lo tanto opuesta al feminismo. Se necesitan organizaciones revolucionarias que combatan las barreras de género y apuesten de forma inequívoca por la formación de las mujeres como cuadros y líderes.
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